EL FRENTE ORIENTAL: De la Operación Barbarroja a la caída de Berlín - La Segunda Guerra Mundial en color
La guerra que enfrentó a la Unión Soviética y la Alemania nazi entre el 22 de junio de 1941 y el 8 de mayo de 1945 fue una guerra de dimensiones extremas.
En primer lugar, se desarrolló en el mayor teatro de operaciones terrestres de la Segunda Guerra Mundial y, probablemente, de la historia de la humanidad. Este frente móvil, en el que se alternaron las ofensivas alemanas y soviéticas, avanzó y retrocedió por el oeste de la Unión Soviética antes de atravesar Europa central, del Báltico al Mediterráneo. De este a oeste, reunió todas las formas de guerra: de posiciones, de movimientos, de asedio, urbana, de guerrillas, acorazada, etc.
Además, la encarnizada lucha entre los dos regímenes totalitarios provocó una movilización extraordinaria de las economías y las sociedades. Dio lugar a una destrucción y unas pérdidas humanas de magnitud inédita, causadas por los combates, las deportaciones de población, las matanzas, los crímenes de guerra, las enfermedades y el hambre. El frente oriental fue también un frente de muerte dominado por la ideología. A partir de 1943, Alemania se presentó como baluarte frente a la expansión del bolchevismo. Para el régimen soviético, el frente oriental era ante todo una cuestión de supervivencia. La Unión Soviética respondió a la guerra de exterminio impuesta por la Alemania nazi con la brutalidad de un Estado totalitario.
Sin la Unión Soviética, ¿cuál habría sido el desenlace de la Segunda Guerra Mundial? La movilización de la población soviética —y el sacrificio de millones de hombres y mujeres—, una industria funcionando a pleno rendimiento y la enorme ayuda material estadounidense permitieron a la URSS resistir, desgastar a su adversario y, finalmente, extender su influencia hacia Occidente. La guerra en el Este configuró Europa durante más de medio siglo. Sus consecuencias aún se perciben hoy.
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