En 1976, el Territorio Francés de los Afars y los Issas lleva ya varios años afrontando graves disturbios independentistas. Numerosos controles de la gendarmería rodean la capital, Yibuti, mientras legionarios patrullan las aldeas cercanas en busca de escondites de armas o independentistas infiltrados. La tensión es palpable y el calor, sofocante. La mañana del martes 3 de febrero, un autobús escolar de la base aérea 188 de Yibuti recoge en distintos puntos de la ciudad a los hijos del personal militar francés. Pero ese día todo cambia. Cuatro independentistas del Frente de Liberación de la Costa de los Somalíes irrumpen de pronto en el autobús y, a punta de pistola, obligan al joven conductor a acelerar y atravesar los controles de la gendarmería para huir de la ciudad, hasta que se ven obligados a detenerse en el puesto fronterizo de Loyada. Son poco más de las 7:30. Acaba de comenzar la toma de rehenes de Loyada. Para el Gobierno francés, acceder a las exigencias inviables de los secuestradores está fuera de cuestión. Se decide enviar a Yibuti a miembros de una unidad aún desconocida, el GIGN (Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional). Al frente está Christian Prouteau, un joven teniente de pelo largo que se ha dedicado a reclutar a los mejores efectivos y formarlos en técnicas de tiro revolucionarias. Una vez allí, tendrá que coordinarse con los legionarios del 2.º REP para planificar un asalto en caso de que la negociación resulte imposible. Con el paso de las horas, ante la intransigencia de los secuestradores, el desenlace parece inevitable. Tras más de treinta horas de extrema tensión, finalmente se decide emprender una operación de rescate. Una operación que se convertirá en una auténtica misión de guerra, pues durante toda la noche se han concentrado refuerzos independentistas al otro lado de la frontera. Los militares desplegados tendrán que intentar lo imposible para salvar la vida de los treinta niños...