LA ARTILLERÍA ANTICARRO ALEMANA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
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LA ARTILLERÍA ANTICARRO ALEMANA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

L20220293
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El 15 de septiembre de 1916, los primeros carros de combate británicos asaltan las líneas enemigas. La novedad de esta amenaza obliga al Ejército alemán a diseñar con urgencia armas y municiones capaces de hacerle frente. En la primavera de 1918 comienza la distribución del Tank-Gewehr, un fusil anticarro de calibre 13 mm. En vísperas del Armisticio entran en servicio los primeros cañones anticarro, los 3,7cm Tankabwerkanone, aunque no ha habido tiempo de completar el desarrollo de las municiones adecuadas.

En el periodo de entreguerras, el empleo de los blindados se impone en todos los estados mayores. Paralelamente, el armamento anticarro se adapta a las mejoras introducidas en los carros, que cuentan ya, entre otras cosas, con blindajes de mayor calidad, más gruesos y mejor perfilados. El fusil anticarro queda relegado a arma auxiliar contra vehículos poco blindados, mientras se generaliza el uso del cañón remolcado. Sin embargo, su necesario despliegue en primera línea exige una pieza discreta y fácil de maniobrar para sus sirvientes.


 

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El 1 de septiembre de 1939, el cañón anticarro de 3,7 cm en servicio en la Heer pesa menos de 450 kg y sus proyectiles perforan 30 mm de blindaje a 500 metros. En la primavera de 1940, esta pieza muestra sus limitaciones frente a los carros del Ejército francés. Comienza entonces una carrera que lleva a la entrada en servicio de un nuevo calibre cada año: 5 cm en 1941, 7,5 cm en 1942 y 8,8 cm en 1943. Las prestaciones aumentan sin cesar, pero también lo hace el peso.

En 1944, las diez toneladas previstas para una pieza de 12,8 cm ponen en entredicho la razón de ser del cañón anticarro remolcado. Las piezas remolcadas requieren un considerable parque de vehículos destinados a su transporte, especialmente cuando se ha creado un cuerpo especializado, el de los Panzerjäger, que en principio debía estar motorizado. Sin embargo, incluso antes de entrar en guerra, el parque automovilístico del Ejército alemán ya era muy heterogéneo. Sus primeros éxitos en el oeste y el este le proporcionan un importante aporte de tractores y piezas anticarro capturados, pero complican aún más el abastecimiento de municiones y repuestos.

Autor 1
Loïc Charpentier
Fecha de publicación
Marzo de 2022
Páginas
160
Ilustraciones
Unas 300 fotografías y perfiles
Cubierta
Encuadernación en tapa dura
Formato
21 x 28,5 cm
Idioma
Francés
Editorial
Editorial Caraktère
EAN
9782916403533

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