La batalla de las Ardenas - La última quimera de Hitler
En 1940, la maniobra que sellaría el funesto destino de los ejércitos aliados puede resumirse en dos etapas. Mientras se desarrollaba una maniobra de distracción en los Países Bajos y Bélgica, el grueso de las fuerzas blindadas alemanas se lanzó al ataque en las Ardenas. Tras unos días caóticos, consiguió cruzar el Mosa después de arrollar a unas defensas bastante desorganizadas, para avanzar luego hacia el canal de la Mancha por el célebre «corredor de los panzers».
Cuatro años después, las tres armadas alemanas que se lanzaron al asalto de unas líneas estadounidenses debilitadas no lograrían el mismo éxito. Muy al contrario, los ataques no tardaron en desorganizarse y diluirse en multitud de enfrentamientos, a medida que entraban en combate nuevas unidades, desde los Kampfgruppen alemanes hasta las divisiones estadounidenses movilizadas con urgencia para hacer frente a la amenaza.
El desarrollo de la batalla aconseja renunciar a un enfoque cronológico de los acontecimientos. En efecto, recorrer día a día un frente de más de cien kilómetros, desde la cresta de Elsenborn hasta Luxemburgo, repasando la actuación de las unidades participantes, resulta laborioso y, a decir verdad, confuso.
Tras relatar la ofensiva inicial, esta obra se centrará, por tanto, en un sector del frente tras otro. Comenzará por el norte, con el de la 6.ª Armada Panzer alemana, que debía encabezar el ataque y alcanzar Amberes. Seguirá con el de la 5.ª Armada Panzer de von Manteuffel, concebida inicialmente para cubrir a la anterior, pero que cobraría protagonismo por los combates de Celles y Bastogne. Concluirá con el de la 7.ª Armada, encargada de proteger el flanco izquierdo de von Manteuffel. Todo ello hasta el desastre final del bando alemán.
Durante esta batalla, el encarnizamiento de los combatientes fue tal que hasta el propio Patton acabó escribiendo en su diario: «Todavía podemos perder la guerra.»
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