LAS MUJERES EN LAS NUBES - AERONAUTAS - PARACAIDISTAS - AVIADORAS - TOMO 1: 1784-1918
En materia de aeronáutica, la memoria colectiva recuerda a los hermanos Montgolfier y su aerostato de aire caliente, que se elevó en 1783; a Pilâtre de Rozier, que ese mismo año realizó un vuelo en globo libre; a André-Jacques Garnerin, que efectuó un descenso en paracaídas en 1797; y a Louis Blériot, que cruzó el canal de la Mancha a bordo de su Blériot XI en 1909.
En cuanto a las mujeres, su papel en la conquista del aire se ha ido desdibujando con el tiempo, pese a los numerosos ejemplos de perseverancia y valentía. En 1784, Elizabeth Tible causó sensación al sobrevolar Lyon en globo mientras cantaba arias de ópera. En 1785, la actriz Letitia Ann Sage se convirtió en la primera aeronauta inglesa y, en 1799, Jeanne Labrosse realizó el primer descenso en paracaídas efectuado por una mujer.
En el siglo XIX, los espectáculos aéreos de las francesas Élisa Garnerin y Sophie Blanchard dieron esplendor a las festividades imperiales y reales. Las cortes europeas se disputaban a estas intrépidas aeronautas, que actuaban ante decenas de miles de espectadores en Alemania, Italia, Austria y Rusia. Durante sus ascensiones, la alemana Wilhelmine Reichard lanzaba poemas y flores al público. Louise Poitevin se lanzó a la conquista de los cielos sentada sobre un caballo y, más adelante, las acróbatas aéreas se contaron por decenas. En Estados Unidos, Mary Myers ofreció vuelos de iniciación a miles de personas. En 1913, la alemana Elfriede Riotte se convirtió en piloto de dirigible.
Con la llegada de las aeronaves más pesadas que el aire, Raymonde de Laroche obtuvo su licencia de piloto de avión ya en 1910. La siguieron muchas otras mujeres en Europa y Estados Unidos: Marie Marvingt, Hélène Dutrieu, Hilda Hewlett, Lydia Zvereva, Harriet Quimby, Mathilde Moisant, Katherine Stinson, Melli Beese y Bozena Laglerova, por citar solo algunas… En 1913, los aviones lanzaron a las primeras paracaidistas. Desafiando el peligro y los prejuicios, las aviadoras establecieron récords de altitud, distancia y resistencia.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, la mayoría de estas pioneras, privadas de su pasión, desaparecieron en el anonimato. Una nueva generación de aviadoras surgiría tras el primer conflicto mundial.
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