Estados Unidos en guerra - 1933-1946
El gigante despierta: Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Aunque salió fortalecido de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos se replegó sobre sí mismo al terminar el conflicto y dejó que Asia y Europa se vieran envueltas, una tras otra, en la guerra. Cabría pensar, por tanto, que la guerra no irrumpió realmente en el pensamiento y la vida cotidiana de los estadounidenses hasta el 7 de diciembre de 1941, fecha del ataque japonés contra la base naval de Pearl Harbor. En realidad, el proceso comenzó mucho antes. Por una coincidencia histórica, Roosevelt y Hitler llegaron al poder en 1933 con apenas unas semanas de diferencia. El presidente demócrata, que observaba con inquietud el aumento de las amenazas en todo el mundo, preparó mental, política y militarmente a su país para afrontarlas, pese a que este aún no se había recuperado de la crisis económica de 1929.
Las fuerzas estadounidenses comenzaron, pues, muy pronto a perfeccionar su programa de rearme y sus planes de guerra. Así, a partir del estallido de las hostilidades, la economía, la industria y el ejército pudieron emprender una profunda transformación en un tiempo récord: miles de buques, aviones, carros de combate, cañones y fusiles salieron de las fábricas de armamento construidas en pocos meses, lo que permitió equipar tanto a sus propias tropas como a las de sus aliados. La población civil sostuvo el esfuerzo de guerra y apoyó a los soldados enviados a combatir por todo el mundo. Así nació la imagen de «la buena guerra estadounidense» —the good war—, libre de toda ambigüedad, que prevaleció durante décadas. Con el tiempo, las historias se convirtieron en mitos, y los soldados y obreros, en héroes, contribuyendo así a la grandeza de una nación estadounidense que se sentía investida de una misión universal.
Pero ¿sabemos realmente cómo afrontó esta joven nación los desafíos que se le presentaron? ¿Quiénes eran esos soldados ciudadanos que aceptaron vestir el uniforme para servir a su país, e incluso morir por él, en tierra extranjera? ¿Combatían por convicción o por obligación? ¿Cómo se comportaban con las poblaciones extranjeras? El autor muestra también que la alianza angloestadounidense, aparentemente tan sincera como inquebrantable, era una realidad en el plano político, pero resultaba más caótica en el militar. Y que el principio de «Germany First», tan apreciado por los mandos militares estadounidenses, solo se ratificó cuando la relación de fuerzas entre ambos países se invirtió: fue, en efecto, la guerra contra Japón la que ocupó un lugar preponderante, una realidad que aún hoy se le escapa con demasiada frecuencia al público europeo.
Christophe Prime muestra, por último, que, si bien la maquinaria de guerra posee ventajas innegables, también presenta debilidades estructurales y comete errores de apreciación que cuestan numerosas vidas humanas, como ocurrió en Normandía y en Peleliu.
Desde el Despacho Oval del presidente hasta la War Plans Division, desde la cadena de montaje de la fábrica Ford de Willow Run hasta las entrañas de un submarino de la Navy en el Pacífico, pasando por un plató de Hollywood; desde el campo de internamiento de Manzanar para los nisei hasta la dura realidad de un GI encogido en su pozo de tirador en algún lugar de Francia, Somewhere in France: la verdadera historia de «la buena guerra estadounidense» no dejará de sorprender.
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