¿Quién liberó Provenza?
Durante mis misiones en Estados Unidos, pude comprobar que el público estadounidense, salvo los historiadores y las personas del sur, de donde procedían, por cierto, la mayoría de las unidades y de los generales destinados en el Mediterráneo, se interesaba sobre todo por Overlord y las operaciones posteriores al desembarco de Normandía. Es comprensible, dadas las diferencias en el número de efectivos desplegados y los objetivos perseguidos, así como en las asociaciones y los veteranos implicados.
Por eso me sorprendió la publicación de un libro titulado Agosto de 1944: el general de Lattre libera Provenza. Porque, si bien Provenza debe mucho a Jean de Lattre por la maestría con la que supo persuadir a sus superiores estadounidenses de entonces, Lucian Truscott y Alexander Patch, y conducir a sus tropas a una victoria rotunda, me parece que estos últimos desempeñaron un papel importante en la liberación de la región.
De esta constatación nació el proyecto de este libro. Para los franceses, la campaña estuvo marcada por una fuerte rivalidad entre los generales de Lattre y de Larminat, que culminó con la partida de este último. Como epílogo de la pequeña historia y, quizá, de la gran historia, Larminat se reconcilió con de Lattre en agosto de 1951 en Capvern, cerca de Tarbes, donde este recibía tratamiento: siete años después de los acontecimientos de Marsella y cinco meses antes de la muerte del comandante en jefe en Indochina. Y, como señala la Revue historique de l’Armée, fue la «maison Juin» la que consiguió para él la distinción de mariscal de Francia en 1953.
Esta obra rinde homenaje a los soldados y marinos estadounidenses, británicos y franceses que, entre el 15 de agosto y el 1 de septiembre de 1944, arriesgaron y, en ocasiones, dieron la vida para que los provenzales de entonces fueran por fin libres. Es, sobre todo, un homenaje a los estadounidenses del VI Cuerpo, procedentes del sur de Estados Unidos, y a todos los hombres y mujeres de las tropas francesas reequipadas e instruidas en el norte de África, que constituyeron el grueso del Ejército de la Liberación a partir de 1943.
Por ello, lejos de pretender extraer una conclusión definitiva de esta obra, prefiero dejar que el lector lo haga al terminarla, con los elementos aquí expuestos. Espero que su lectura le resulte tan enriquecedora como atractiva.
El autor no plantea una conclusión definitiva, sino que deja al lector la tarea de extraerla, una vez terminada la lectura, a partir de los hechos expuestos. Los textos presentados proceden principalmente de las investigaciones realizadas en los últimos años por el coronel Gaujac, quien, en el ocaso de su vida, ofrece una obra rigurosa y amena, a lo que contribuye en gran medida su abundante material gráfico. Un libro que satisfará al público general bien informado.
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