Desde 1955, las cartas de Jean Mermoz reposan en el panteón familiar de su madre, en Mainbressy, en el departamento de Aisne. Sin embargo, Christian Melchior-Bonnet, albacea testamentario de esta, tuvo la prudencia de fotografiar o copiar aquella correspondencia: un valioso testimonio directo, conmovedor y sencillo, a veces divertido y otras trágico, que conservó durante más de treinta años. Estas cartas reflejan a su manera la personalidad apasionada de Mermoz: su conmovedora ingenuidad, su extraordinaria determinación, su valor, que sorprendía incluso a antiguos pilotos de guerra, su amor por su madre, sus impulsos, sus esperanzas, pero también su ira y sus desilusiones. Las cartas, dirigidas a su madre, sus abuelos, Guillaumet y sus amigos, muestran la evolución y maduración de un hombre que amaba su oficio, aceptaba sus riesgos y acabó sacrificando su vida por él. El libro consta de cinco capítulos, correspondientes a otras tantas etapas de la vida de Mermoz; cada uno va precedido de un texto biográfico que sitúa las cartas en su contexto.