11.º de Choque
Francia, 7 de febrero de 1986: «¡11.º Regimiento Paracaidista de Choque, aquí tenéis vuestra bandera!». La voz del general Imbot, nuevo director de la D.G.S.E., resuena con fuerza. Se dirige a los paracaidistas que integran el regimiento, renacido tras 23 años de silencio. Sus palabras atraviesan los años y tienden un puente entre el presente que cobra vida y el pasado que permanece en la memoria. Hablan para la Historia... Una historia que comenzó cuarenta años antes, el 1 de septiembre de 1946, en una ciudadela olvidada en lo más profundo de los Pirineos, y que continuó en todos los continentes, allí donde Francia necesitaba hombres valientes, discretos, competentes y eficaces. En una Europa inmersa en la Guerra Fría, en Indochina, entre las guerrillas de Laos, en las playas de Annam o en Argelia, de una frontera a otra —e incluso más allá—, los oficiales, suboficiales y cazadores del 11.º combatieron unas veces a cara descubierta y, la mayoría, en la sombra. Contribuyeron a forjar la «leyenda». Para su nuevo libro, «11.º de Choque», Erwan Bergot, que fue uno de ellos, ha elegido hablar de aquellos hombres que tenían el Servicio por guía y el Secreto por norma; que preferían el silencio al estrépito y la discreción a la ostentación, y que a menudo ni siquiera recibían el consuelo de un comunicado en los momentos de éxito, sufrimiento o muerte. Cuando, en medio de las repercusiones del caso «Greenpeace», el ministro de Defensa anunció ante la Asamblea Nacional la reconstitución del 11.º de Choque, el silencio que siguió demostró que ninguno de los diputados presentes ignoraba de qué se trataba. Los «veteranos» lo sintieron como un homenaje a sus cualidades: lealtad, tenacidad y eficacia.
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