ERA MI JEFE - Memorias de la secretaria principal de Adolf Hitler
La secretaria de Hitler más conocida hasta la fecha es Traudi Junge, cuyas memorias inspiraron la película El hundimiento, sobre los últimos días del dictador. Pero no entró a su servicio hasta enero de 1943, mientras que Christa Schroeder trabajó para él desde 1933 hasta el 20 de abril de 1945. Durante doce años acompañó a su «jefe» en todos sus desplazamientos entre la capital, el Berghof y sus diversos cuarteles generales de campaña.
Joven e ingenua, Christa Schroeder anota minuciosamente todo cuanto sucede en el entorno cerrado de Hitler, que el general Jodl describiría como «a medio camino entre un claustro y un campo de concentración». Retrata con notable precisión el ambiente de la «Noche de los cuchillos largos» del 30 de junio de 1934, que presenció; también fue testigo de algunas declaraciones confidenciales del Führer, como aquella de agosto de 1941 en la que aseguró que Moscú caería en cuatro semanas y luego sería arrasada por completo.
Christa Schroeder centra toda su atención en la personalidad de Hitler, lo que hace inestimable su testimonio. No se le escapa ninguno de los rasgos característicos del dueño del Reich: desde su galantería típicamente vienesa con las damas hasta su vegetarianismo obsesivo, pasando por su prodigiosa memoria, su insomnio, sus cambios de humor, sus dotes artísticas y sus innumerables fobias. Traza asimismo el retrato de un donjuán considerablemente neurótico, incluso claramente anormal.
Como innumerables alemanas de la época, Christa Schroeder se vio arrastrada por un torbellino vertiginoso, pero, a diferencia de la mayoría, acabó en el centro mismo de aquel torbellino.
Su testimonio único, conocido en Francia solo por historiadores especializados, había permanecido inaccesible para los lectores francófonos: una omisión que ya era hora de subsanar.
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