La colaboración Stalin-Hitler, 10 de marzo de 1939-22 de junio de 1941. Agosto-septiembre de 1944
Desde la invasión de la URSS por Alemania, la propaganda soviética y, tras ella, la historiografía soviética presentan el pacto germano-soviético como fruto de la extraordinaria habilidad de Stalin: ante la negativa de Francia e Inglaterra a aliarse con la Unión Soviética contra la amenaza nazi, Stalin habría optado por ganar tiempo para preparar mejor a su país ante la inevitable guerra entre el fascismo y el progresismo, y gracias a esa tregua habría ganado después la guerra.
El problema es que toda la documentación aparecida a partir de 1989-1990 —la apertura de numerosos archivos hasta entonces secretos, documentos de la Comintern y memorias de diversos protagonistas soviéticos— demuestra que Stalin mantuvo un doble juego entre 1933 y 1939. Exploró tanto la posibilidad de una alianza con las democracias occidentales como con la Alemania nazi, a la que sondeó en repetidas ocasiones.
Su propuesta de colaboración sedujo de inmediato a Hitler, que la aceptó en agosto de 1939. Esto le permitió anexionarse sin apenas resistencia la mitad de Polonia y los países bálticos, atacar Finlandia, recuperar Besarabia e incluso contemplar la adhesión de la URSS al Pacto Tripartito de los países fascistas y la disolución de la Comintern, que Hitler no había dejado de denunciar.
Hasta la víspera del inicio de la operación Barbarroja, el 22 de junio de 1941, Alemania recibió un suministro incesante de materias primas soviéticas. La confianza absoluta de Stalin en la palabra de Hitler y la desorganización del ejército bastan para explicar el desconcierto y la impotencia que se apoderaron de Stalin y de la Unión Soviética.
Fruto de una larga investigación basada en documentación multilingüe, esta obra ofrece una revisión decisiva de la mayor mentira histórica del siglo XX.
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