Hasta ahora no existía un estudio de conjunto sobre la indumentaria y la vida cotidiana en el siglo XI. Sin embargo, esta época reviste un interés excepcional para la historia y la civilización de la Edad Media. A diferencia del siglo XV, que conocemos en profundidad gracias a la abundancia de documentos y vestigios conservados —viviendas, mobiliario, indumentaria y armamento—, el siglo XI aún plantea numerosas incógnitas sobre los detalles de la vida cotidiana. De ahí el interés por recuperar ese pasado. Tras el año 1000 se produce un cambio decisivo: nace el feudalismo y aparece la aldea organizada en torno a la parroquia. Surge también una sociedad más ordenada, en la que la Iglesia impone su poder, pero también la tregua de Dios: combate las guerras privadas y fomenta el ideal de la caballería, la protección de viudas y huérfanos y la ayuda a los más desfavorecidos. Este cambio sienta las bases de nuestra sociedad actual. Es asimismo una transformación decisiva: el desarrollo de la collera y de los molinos permitirá alimentar a una población en plena expansión, hasta llegar al «hermoso siglo XIII». El mundo rural se estructura en torno a sus castillos e iglesias. Las ciudades y los oficios conocen un nuevo auge, dando lugar a una civilización urbana y mercantil. Tras la época carolingia, que supuso en parte un renacimiento del arte antiguo, el románico surge sobre esas bases en el siglo XI y se desarrollará hasta las sublimes audacias del gótico durante el siglo siguiente. El siglo XI es una época llena de esperanzas en un mundo joven y en plena transformación. Su testimonio más destacado es la Telle du Conquest, también llamada Tapiz de Bayeux, extraordinario documento iconográfico y punto de partida para nuestro conocimiento del siglo XI. Representa una epopeya en la que todo era aún posible: un modesto caballero normando o francés podía cruzar el canal de la Mancha y obtener un feudo en un reino hasta entonces desconocido para él. La Telle du Conquest ofrece una enorme cantidad de información, pero su carácter esquemático deja abiertas aún más incógnitas. Por ello es necesario examinar otras fuentes, como los hallazgos arqueológicos de York, en Inglaterra, y de Blois y, sobre todo, Charavines y Andone, en Francia. También contamos con los pocos monumentos de la época que han llegado hasta nosotros. Los vestigios conservados en los territorios del antiguo Imperio completan esta imagen del pasado: objetos a menudo suntuosos, además de otros hallazgos arqueológicos. De Inglaterra al lago de Zúrich, proponemos un viaje por una Edad Media llena de la energía que acabaría construyendo nuestro mundo. Con más de 470 ilustraciones, esta obra singular ofrece un panorama completo de la vida cotidiana en el siglo XI, desde la arquitectura y la alimentación hasta la indumentaria, las herramientas y el armamento.