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LA MUJER ROMANA A COMIENZOS DEL IMPERIO
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A finales de la República, el ideal de mujer austera y virtuosa, guardiana del hogar, la consagraba por entero a su deber de engendrar y educar generaciones de ciudadanos. Más tarde, a comienzos del Imperio, sin alcanzar la igualdad entre los sexos, las mujeres empezaron a emanciparse del dominio masculino. Cada vez más, administraban su patrimonio, emprendían negocios, se interesaban por la política e influían en los hombres... ¡Ahora se atrevían a salir de casa! El velo, que fuera del hogar debía cubrirlas casi por completo para preservar el pudor, las envolvía ahora en un halo de misterio... ¡Se convertían en seductoras! A través de su indumentaria y sus adornos, la mujer romana se nos presenta hoy en toda su diversidad: de la joven a la matrona, de la prostituta a la sacerdotisa, de la esclava a la emperatriz.
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