Servicios especiales en Argelia 1955-1957: mi testimonio sobre la tortura
La batalla de Argel de 1957, vista y vivida por uno de sus principales protagonistas, que rompe su silencio y cuenta la verdad.
Sus revelaciones sobre la tortura y las ejecuciones sumarias reabren un doloroso debate sobre la guerra de Argelia. Entre 1955 y 1957, la República Francesa envió a Argelia a uno de sus mejores agentes secretos, Paul Aussaresses. Aunque su nombre aún era desconocido para el gran público, en los círculos más cerrados de los servicios especiales este antiguo paracaidista de la Francia Libre, veterano de la guerra de Indochina y fundador del 11e Choc (el brazo armado del SDECE), ya era considerado una leyenda viva. Pero este personaje digno de una novela acabaría viéndose envuelto en Argelia, sin haberlo buscado, en la misión que resultaría ser la más difícil de todas.
¿El objetivo? Combatir el terrorismo sistemático del FLN. Paul Aussaresses había hecho el voto de silencio propio de quienes actúan en la sombra, y sus secretos podrían haber desaparecido con él. Pocos sabían lo que hizo en Argelia. Sin embargo, decidió contar con una franqueza impresionante y sin dejarse llevar por el clima de opinión cómo cumplió su misión durante dos episodios decisivos en los que desempeñó, desde la sombra, un papel esencial: el caso de Philippeville en 1955 y la batalla de Argel en 1957. Sin falsa vergüenza ni complacencia, Paul Aussaresses se atreve a expresar una verdad a menudo difícil y habla de la tortura y las ejecuciones sumarias. Un testimonio fundamental, con revelaciones y confirmaciones que ayudan a comprender los problemas a los que se enfrenta un ejército cuando el Estado le encomienda combatir por todos los medios una rebelión que recurre al terror para obligar a la población a apoyarla y provocar una represión que atraiga la atención de la opinión pública internacional.
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